Homeopatía en caballos

Al parecer,  se está poniendo de moda, desde hace unos años, tratar a los équidos con productos homeopáticos. Pero ¿qué es la homeopatía? ¿Sabemos exactamente qué están ingiriendo nuestros caballos? Porque a menudo nos encontramos con gente que confunde los remedios naturales a base de hierbas con la homeopatía.

La homeopatía se la inventó hace doscientos años un alemán para dar una respuesta a los tratamientos médicos de la época, que eran muy agresivos y poco eficaces. Sangrías, sanguijuelas y esas cosas. Su teoría, mantenida por los homeópatas hasta hoy con algunos matices, se basaba en dos pilares:

Igual cura igual: los síntomas pueden combatirse con sustancias que, aportadas controladamente al organismo, provoquen el mismo síntoma que se pretende combatir. Las vacunas, especialmente la de la viruela, ayudaron mucho a dar un marchamo de eficacia a esta idea, cuando, en realidad, se basan en un principio diferente: la exposición al sistema inmunitario a cepas menos agresivas de los organismos que la provocan. El propio Hahnemann (el alemán de antes) parece que curó una infección del ojo de su caballo con Natrum Muriaticum. El uso de nombres raros, en latín o latinizados, también es típico en las sustancias a disolver. Natrum Muriaticum es sal de cocina. Otro que sale recurrentemente cuando buscas sobre homeopatía es Nux Vomica, conocida por el vulgo como estricnina. Pero bueno, que nos perdemos. Sigamos con la sal de cocina. La idea del alemán era brillante, sigamos el razonamiento:

1. La sal pica en el ojo.

2. A mi caballo le pica el ojo.

3. Si le pongo dosis infinitesimales de sal en el ojo le curaré el ojo.

Claro que limpiar un ojo infectado, periódicamente, con agua limpia, también ayuda. Lo curioso es que Avogadro formuló la Ley que lleva su nombre en 1811, en vida de Hanehmann. Entonces es cuando aparece lo de la “memoria del agua”.

Principio infinitesimal:  El otro pilar de la homeopatía fue desarrollado especialmente por James Tyler Kent. El proceso consistía (y consiste) en diluir extraordinariamente la sustancia en cuestión, hasta el punto de bajar el límite de concentración en que, según demuestra la constante de Avogadro, estadísticamente ya no existe ninguna molécula original en la disolución. Para ello, por ejemplo en diluciones centesimales, se coge un mililitro de sustancia y se diluye en 100 ml, de éste se coge otro mililitro y se diluye en 10o ml más, y así sucesivamente. Al final, no queda rastro de la sustancia original en la disolución (por eso no causa “efectos secundarios”), pero, según los homeópatas, el agua “recuerda”, por algún oscuro principio electromagnético (seguramente cuántico), lo que ha sido disuelto en ella. En el vídeo, en broma pero en serio, veréis cómo se hace.

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Ambos principios están totalmente desacreditados desde un punto de vista científico. Tanto biólogos como físicos son incapaces de entender como algo así podría funcionar. Lo único que se le parece remontamente es el fenómeno de la hormesis, que no tiene ningún sentido en las dosis propugnadas por los homeópatas. La única forma de probarlo, puesto que la teoría es indemostrable, es hacer estudios que demuestren la eficacia de tales disoluciones. Al parecer, la dificultad que tienen los científicos homeópatas (no vamos a hacer la broma marxista sobre los militares aquí) para hacer un estudio riguroso sobre el tema es que, cuando se hacen, el resultado es muy claro: la literatura existente avala que la homeopatía no ofrece mejores resultado que el placebo.

El factor placebo

El placebo, en su versión más sencilla, lo han usado todas las madres del mundo: cura, cura, cura sana, si no se cura hoy, se curará mañana. El placebo más usado en el mundo occidental son las tiritas. El placebo no sólo funciona con niños: se sabe ahora que la mayoría de medicamentos tienen un efecto placebo muy marcado. Los estudios que se realizan para determinar la eficacia de un medicamento tienen precisamente ese objetivo: discernir qué diferencia hay entre administrar el medicamento y administrar el placebo. Para ello se realizan estudios denominados doble ciego: a un grupo de personas se les administra el medicamento y a otro el placebo. Multitud de factores afectan a la objetividad de un estudio: el tipo de población sobre el que se realice, las condiciones de manipulación, el secreto efectivo de quién toma el medicamento y quién no, los intereses comerciales detrás de un producto… En un estudio bien hecho todo ello debe ser mencionado y tenido en cuenta. Finalmente, la cantidad de estudios existentes sobre un tema también es importante, porque se pueden analizar diferentes poblaciones a la vez y obtener resultados más objetivos.

Pero ¿el placebo funciona con los caballos? Es difícil de decir sin estudios serios sobre el tema, lo más normal es escuchar aquello de “a mí me funciona”. De lo cual se deduce que, por lo menos, funciona sobre los dueños de los caballos. Allá cada cual.

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Pero por si alguien tiene interés en comprender realmente qué es lo que hace mejorar a su caballo, vamos a proponer algunas pistas:

A nadie le amarga un dulce.

La mayoría de pastillas homeopáticas suelen contener, como excipiente, lactosa. La lactosa es dulce, es un tipo de azúcar, como la glucosa y la fructosa. A los caballos lo dulce les chifla, pero hay que ir con cuidado: el azúcar que contiene la hierba les ha bastado durante milenios para cubrir sus necesidades, un exceso de azúcar puede provocar muchos problemas en un caballo. Nosotros preferimos agasajar a nuestros caballos con zanahorias, manzanas o peras, son más baratas que las pastillas de marras, y nos parecen más “naturales”. Por cierto, ¿cómo guarda el agua la memoria en una bola de azúcar? En fin, dejemos ESE tema definitivamente.

Los caballos necesitan contacto

Una de las grandes virtudes de la homeopatía es que exige que alguien le dé al caballo la medicación, periódicamente, cada día. Hazlo. Ves a ver a tu caballo cada día. No hace falta que lo montes, sólo cepíllale, háblale, si está en la cuadra sácalo a pasear con el ramal. Los caballos, como los seres humanos, son animales sociales: necesitan el contacto para su bienestar. Hay caballos más susceptibles que otros: muchos casos de agresividad y de estereotipias (“vicios de cuadra”, como absorber aire o balanceos) se han solucionado simplemente acompañando al caballo con una oveja o una cabra. Pero el contacto con su dueño será el más terapéutico de todos: reforzará lazos, aumentará la confianza, y si va acompañado de ejercicio físico mucho mejor.

Las enfermedades crónicas… Son crónicas.

Los problemas veterinarios crónicos son los más problemáticos de tratar. Hay algunas enfermedades, como artritis y artrosis, que no tienen mucha solución. Existen tratamientos veterinarios que pueden ayudar a paliar el dolor e incluso a alargar la vida “útil” del caballo, para seguir haciendo ejercicio suave, pero no “curan” al caballo. Otras, especialmente enfermedades cutáneas, no son incapacitantes pero son estéticamente difíciles de aceptar, y suelen provocar picores que hacen que el caballo se rasque, aumentando los daños. En cualquier caso, son problemas con trampa: suelen ir y venir periódicamente, o dependiendo del clima, o del estrés del caballo. Nosotros tenemos varios caballos jubilados con problemas en las articulaciones, y dependiendo del frío, de la humedad y del estado de ánimo, van más o menos cojos. Pastís tiene picores en las crines que hacen que, a partir de la primavera y hasta el otoño, pierda pelo y le salgan úlceras en crin y cola si no lo sacamos del bosque.

Cuando nieva, a Pastís no le pica.

Lo hemos asociado a una alergia a los pinos, una vez descartados los parásitos, pero puede ser que, simplemente, en verano le pique y se rasque. Fuera del bosque no tiene esa posibilidad. En todo caso, en las enfermedades crónicas es importante asumir la condición de tu caballo, y explorar vías que le ayuden, sin dejarse engañar por el hecho de que aparecen y desaparecen misteriosamente. Exceptuando problemas con articulaciones, que no tienen, de momento, demasiada solución, a veces los cambios de entorno y de condiciones ayudan a mejorar determinadas dolencias.

Nosotros necesitamos que nos expliquen las cosas. Si a nuestros veterinarios se les ocurriera indicarnos homeopatía para los caballos, lo primero que les preguntaríamos es qué han descubierto. Según lo que respondieran, tendríamos tres opciones: un premio Nobel, un veterinario que no recuerda para qué estudió, o qué estudió en la facultad, o un veterinario que no sabe cómo decirnos que no puede hacer nada. O es un genio, o no tiene ni idea, o es caritativo. Observad que ni siquiera nos planteamos que un profesional de la veterinaria pueda preferir ganar dinero a explicarnos la verdad sobre nuestro caballo. Eso, a nosotros, aún no nos ha pasado nunca.

Dedicada a los amigos y, singularmente, amigas, de Campamentodh. Si pica, cura 😛

Editamos: gracias a cnn, hemos encontrado un error en lo que decíamos acerca de la constante de Avogadro y la memoria del agua. Dice la Ley de Avogadro: “Volúmenes iguales de distintas sustancias gaseosas, medidos en las mismas condiciones de presión y temperatura, contienen el mismo número de partículas”. Lo que obligó a los homeópatas a inventarse la “memoria del agua” fue la definición de la constante de Avogadro, formulada por Jean Perrin en 1908, que daba un valor númerico concreto a la Ley de Avogadro, definiendo el concepto de mol. Esta “memoria del agua” fue desarrollada a partir de un controvertido estudio del inmunólogo francés  Jaques Benveniste. Los intentos para replicar los resultados de Benveniste fueron fallidos.

Volvemos a editar para enlazar una magnífica página donde se explican mucho mejor que nosotros.

Bondadoso (Bondi) (II)

Ya hemos explicado, hasta donde sabemos, cual es el problema de Bondi. La pregunta es: ¿para qué lo queremos nosotros? Cuando seamos millonarios y nos caigan los billetes de 500 de los bolsillos tendremos un montón de caballos por el simple placer de tenerlos, pero de momento tenemos que intentar sobrevivir. ¿Para qué aceptar un caballo con tantos problemas?

Bondi saca la cabeza, controlado por Ilión detrás.

Para empezar, Bondadoso es un caballo bonito. Delgado como está es más difícil de percibir, pero tiene buena talla y belleza, concepto ecuestre complicado de describir pero que los conocedores identifican al momento. Para seguir, el genotipo de Bondi combina muy bien con el de las yeguas que ahora tenemos para dar alazán. Nuestro semental actual, Ilion, tiene una magnífica morfología, una gran talla (1,72 m a la cruz) y buen carácter, pero si diera color sería negro, no alazán, y por aquellas cosas que tiene la genética al mezclarlo con nuestras yeguas da siempre tordo. Por desgracia, el mercado del PRE está muy mediatizado por el capricho (como todos los lujos), y los caballos con capa de color (especialmente alazanes y bayos) son más caros que los tordos. No tiene mucho sentido, pero nadie dijo que el mundo de los caballos debía tenerlo.

Y para acabar, la vida de nuestros sementales es realmente fácil. No concursamos, no tenemos muchas yeguas, no nos dedicamos a buscar el genotipo ideal. Sólo buscamos buenos potros criados en libertad, de la forma más natural posible, que sean fáciles de domar, que se comporten bien con sus dueños. Por eso, sólo tenemos un semental, que vive con las yeguas y las deja preñadas cuando toca. Eso significa trabajar un mes y vivir la vida el resto del año… Y muchos diríamos que ni siquiera ese mes está trabajando, aunque estar todo el dia de juerga cansa, claro.

Ese es el objetivo: que Bondi se lo pueda pasar bien un mes al año, levantándose sobre sus cuartos traseros. La prueba de fuego será en febrero o en marzo, el momento que consideramos idóneo, en nuestro clima de montaña, para que las yeguas inicien su largo embarazo de once meses. De momento, parece haberse recuperado del achuchón de principios de diciembre.

(y continuará…)

Bondadoso (Bondi)

Lo aguantamos delgadito... Pero es guapo 🙂

Bondadoso es el nombre de un nuevo potro que nos ha regalado un amigo, de 167 cm de alzada, y que, por supuesto, va a acabar llamándose Bondi. Bondi es un PRE que da alazán, y nuestro amigo es buen amigo pero mejor vendedor… Así pues, ¿qué le pasa a Bondi?

Bondi tuvo una lesión grave cuando era pequeño, dislocándose (o fracturándose: nunca se le hicieron radiografías) el isquio. Vendría a ser la cadera, enlazando con el fémur. Visto desde atrás, a Bondi se le ve la cadera derecha más baja que la izquierda. El problema es que, además, Bondi estuvo sus tres años de vida suelto en los campos, porque la única asistencia veterinaria posible pasaba por llevarlo a un hospital, y los criadores de caballos sabemos que no sale a cuenta. Si tienes pocos, como nosotros, depende de si tienes dinero o no, pero por desgracia estos potros suelen acabar sacrificados.

Pero Bondi se levantó y andó. Es difícil determinar cuán graves son las secuelas sin un examen a fondo que todavía no le hemos podido hacer, pero oscila entre una cojera absolutamente alarmante y una normalidad total en el paso. Cuando llegó parecía normal, aparte de la sociopatía propia de un potro entero de 3 años con nula o negativa relación con los humanos y de la ya mencionada diferencia de altura de las caderas, pero al par de semanas, cuando ya se dejaba tocar, empezó a cojear a lo bestia, sin siquiera apoyar el pie derecho. Ahora cojea pero mucho menos, y ya deja que le hagamos masajes.

En fin, con Bondi tenemos dos problemas, el veterinario y el conductual… Y es difícil hacer nada con su pata derecha sin que nos deje hacer algunas cosillas. En este aspecto, ha mejorado. Ya veremos.

(continuará…)

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